RELIGIÓN POPULAR

Por Donald Herrera Terán

 
 

Como resultado de la era industrial un segmento mayor de la sociedad pudo disponer de más tiempo libre. Este fenómeno social no podía quedarse sin afectar la concepción de la Fe que el hombre tuviese. Con la llegada de la era industrial aparece también la tecnología que tratará de proveer el entretenimiento que este nuevo orden social necesita. La televisión aparece como el instrumento por excelencia para llenar el aburrimiento que la revolución industrial está provocando.
 

 

Uno de los pecados imperdonables del hombre de esta época es entonces el aburrimiento. Atacar este problema también afectará la concepción que el hombre tenga sobre la vida y la Fe.
 

 

Por Religión Popular quiero significar el tipo de religión, cosmovisión, filosofía o Fe que llega al hombre moderno vía los medios masivos. Como cualquier otro producto comercial este tipo de Fe, cosmovisión, filosofía o religión debe ser ofrecido de acuerdo con las técnicas de mercado más modernas y sutiles. Este tipo de religión popular nos llega vía televisión, revistas, periódicos, radio, grabaciones en cassettes, papeletas, boletines, etc.
 

 

El autor Richard Quebedeaux en su obra titulada By What Autority: The Rise in Personality Cults in American Christianity (Harper & Row, 1982) menciona tres características que me parece podemos explorar desde una perspectiva Latinoamericana.
 

 

Acomodamiento
 

 

La religión popular, por definición, debe ser lo suficientemente amplia si es que va a apelar a las masas. Así que ha de ser un mensaje acomodado a los valores, símbolos y esquemas de pensamiento de las masas. En la pág. 83 de su libro Quebedeaux dice: “El pluralismo y el principio de asociación voluntaria, ambas características tradicionales de la sociedad americana, juntas han sido un factor contribuyente en la ascendencia de la acomodación como el valor primario detrás del contenido de la religión popular”.
 

 

Los líderes de la religión popular saben que el éxito y la influencia entre el público están determinados por el gran número de seguidores y por los grandes presupuestos, más que en el acuerdo teológico.
 

 

No estoy hablando aquí de la necesidad de hablar en términos “del pueblo” cuando de presentar la Fe se trata, sino del hecho de permitir que los esquemas de pensamiento (noumas) de las masas, rijan tanto la forma como el contenido de la Fe que se está enseñando.
 

 

Uso solamente un ejemplo: El pecado ha dejado de ser definido en términos en términos bíblicos. Las consecuencias del pecado también han dejado de ser definidas en términos bíblicos sino presentados en términos psicológicos que apelan al hombre como centro de la realidad: Vacío, carente de propósito, en medio de soledad, carente de significado, sin rumbo en la vida, etc. ¿Podemos señalar un solo sermón de los apóstoles en el libro de los Hechos conteniendo tales definiciones de pecado? No es que estos términos y conceptos no tengan lugar en una presentación bíblica de la Fe Cristiana, siempre y cuando estén supeditados a la definición primaria de pecado en términos bíblicos.
 

 

Es decir que, queriendo minar un esquema de pensamiento anti-Cristiano nos encontramos afirmando tal esquema al razonar la Fe en términos de ese mismo esquema. Este modelo apologético pretende quitar ladrillos para luego volverlos a colocar. Con esto lo que logramos es que el seguidor de ese otro esquema de pensamiento anti-Cristiano valore, sopese, defina, la Fe en términos de su propio esquema. El resultado es un sincretismo de valores y esquemas que se hacen llamar fe cristiana, cuando en realidad no lo es.
 

 

Así pues, la religión popular, con su maquinaria tecnológica, ayuda a diseminar una clase de Fe que podemos medir por su ineficacia: más religión, pero total irrelevancia en los campos que ocupan mayormente el pensamiento y la vida del hombre moderno. Una tentación particular en esta característica es el deseo de sonar contemporáneo, ¿y qué mejor que hacerlo con el vocabulario psicológico o sociológico de las Universidades seculares, especialmente si se muestran las maestrías, licenciaturas, es decir, grados académicos que legitiman de manera formal el vocabulario que estamos utilizando?
 

 

El Exito
 

 

El dinero es un bien escaso y la competencia por obtenerlo es tremenda. El consumidor de la religión desea lo que desea y espera cualquier otro consumidor: que el producto (la religión) satisfaga sus necesidades, caprichos y deseos. Además, sumemos a esto que la sociedad como un todo, producto del orden económico imperante basado en el consumo y el crédito (dinero ex-nihilo – de la nada) tiende a tornarse una sociedad que posee más bienes de consumo, es una sociedad aburrida (con más tiempo disponible), impaciente y dominada por la ansiedad.
 

 

Con el propósito de satisfacer la demanda de sus consumidores los líderes de la religión popular han tenido que modificar la ética protestante del trabajo. En lugar del trabajo diligente, esforzado, y sistemático para la gloria de Dios, la religión popular ha “mentalizado” la ética del trabajo: es un asunto de sentirnos de tal o cual manera respecto de lo que hacemos. Otro autor, Michael R. Gilstrap lo dice de esta manera: “Los temas medulares de la religión, el “bien” y el “mal”, lo “pecaminoso” e “inmundo” han sido redefinidos para referirse meramente a estados o procesos psíquicos” (Artículo Media Theo-Pop, en The Failure of The American Baptist Culture, 1982 por Geneva Divinity School, pág. 120., de la serie Christianity and Civilization).
 

 

Pareciera ser que Dios existe porque es útil, y Dios ayuda a aquellos que se ayudan a sí mismos. De esta manera la Fe, y Dios mismo, se “instrumentalizan”, se vuelven medios, instrumentos, herramientas. Y si no estoy logrando lo que quiero lograr, entonces ¿para qué continuar usando esa herramienta? Quizás un instrumento Hindú o Marxista, o Freudiano o Darwiniano, resulten tan pragmáticos como cualquier otro.
 

 

Esto nos lleva directamente a la “tecnología de la salvación” que se desarrolla a partir de este tipo de pensamiento. Recuérdese que la sociedad está marcada por la anonimidad, la falta de honor, y el sentimiento común de que “no cuento para nada”. Una expresión común de esta religión popular es el movimiento del pensamiento positivo en que la valía personal se torna la brújula rectora de los pensamientos y decisiones de los hombres. El sumun bonum (supremo bien) del hombre es autorealizarse, encontrarse a sí mismo, aceptarse, hacerse aceptar, etc.
 

 

El éxito es el instrumento para ese sumum bonum. Como dice Michael R. Gilstrap pareciera que los pecadores ya no se encuentran “en las manos de un Dios airado” (para citar a Jonathan Edwards), sino que ahora son vistos como personas de un valor infinito, completamente capaces de alcanzar el bienestar personal y social a través de un cambio voluntario de conciencia”. Este mismo autor cita a Robert H. Schuller diciendo: “Jesús nunca llamó a nadie pecador” (p. 91).
 

 

Esto, en ninguna manera niega el poder del Evangelio para traer beneficios de carácter físico. Lo que discuto aquí son las premisas básicas y la finalidad o propósito para ir en pos de tales bienes o beneficios. La Biblia tiene un nombre para referirse al orden de pensamiento que busca la riqueza como fin: Mammon. La Fe Cristiana no reduce a Dios a la categoría de instrumento.
 

 

Resultados Inmediatos
 

 

Estoy seguro que ya habían previsto que ésta sería la tercera característica o valor predominante en la llamada religión popular.
 

 

Es la generación del “disfrute ahora, pague después”. Es decir, el precio viene después de la adquisición del bien o beneficio. Se promete que los resultados se verán inmediatamente. De hecho, mientras más rápido vea yo los resultados, más se valida o legitima el proceso por el cual obtuve esos resultados. Mi propia percepción de bienestar está por encima de la valoración objetiva de la validez o no del proceso. ¿Qué importancia puede tener el concepto de Ley cuando un nouma de este tipo domina el pensamiento de una sociedad? Mi razonamiento va más o menos así: puesto que tal o cual Ley me incomoda, me inoportuna, me “saca de mi rumbo establecido”, entonces, no es buena. Es una forma más del lema “el hombre es la medida de todas las cosas”.
 

 

Una perspectiva bíblica de la Ley parte de Dios, la auténtica medida de todas las cosas. El Salmo 36:9 lo dice de esta manera: “Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz”. Es en la luz provista por Dios (no por el racionalismo, o el Iluminismo, o el romanticismo, o cualquier otro “ismo”) que los hombres obtenemos entendimiento (luz).
 

 

La Biblia nos presenta, en lugar de resultados inmediatos, procesos que se desarrollan a partir de una persona: DIOS. Todo Cristiano serio sabe que una de sus primeras aserciones sobre el orden creado y la historia residen en su concepción de un personalismo cósmico. A diferencia de las religiones paganas – en que el cosmos y la historia eran fruto del azar y la suerte – el Cristianismo afirma un orden moral dirigido y diseñado por una Persona: DIOS.
 

 

No hay “caminos fáciles” en la Fe Cristiana. El precio siempre antecede al beneficio. El “santificaos” (el precio) viene antes de la promesa: “vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Exodo 19: 10 y 6, en ése orden). La identidad está marcada por un precio. No es asunto de un estado psíquico, sino de una realidad tangible basada en un precio pagado. El precio fundamental fue provisto por Cristo en la Cruz (I Cor 6:20; 7:23). El precio diario (Luc 9:23) consiste en renovar nuestro entendimiento en términos de su nouma, y no en términos de la religión popular.