Por Donald Herrera Terán


Estoy seguro que recordarán la frase del Dr. Gary North: “Aquel que escribe los libros de texto de historia moldea el futuro porque moldea la percepción que la gente tiene del pasado

En su libro The Light and the Glory el co-autor David Manuel cuenta cómo después de escuchar una cita del Diario de Cristobal Colón se hizo la siguiente pregunta: “¿Será posible que Dios haya concebido un plan especial para América?” (The Light and the Glory, Peter Marshall y David Manuel, Fleming H. Revell, Grand Rapids, MI, 1977, pág. 18).

Esta es la cita del Diario de Cristobal Colón que David Manuel escuchó ese día:

Fue el Señor quien puso en mi mente (podía sentir su mano sobre mi) el hecho de que sería posible llegar por mar desde aquí hasta las Indias. Todos los que escucharon de mi proyecto lo rechazaron con risas, ridiculizándome. No hay duda de que la inspiración venía del Espíritu Santo, porque Él me confortó con rayos de maravillosa inspiración desde las Sagradas Escrituras...

Soy un pecador de lo más indigno, pero he clamado al Señor por gracia y misericordia, y ambas me han cubierto completamente. He encontrado la más dulce consolación puesto que he hecho mi propósito más fuerte el de disfrutar de Su maravillosa presencia. Para la ejecución del viaje a las Indias, no hice uso de la inteligencia, la matemática o los mapas. Es simplemente el cumplimiento de lo que Isaías había profetizado...

Nadie debiera temer asumir cualquier tarea en el nombre de nuestro Salvador, si es justa y si la intención es puramente para Su santo servicio. Nuestro Señor ha asignado a toda persona la responsabilidad de concretar varias tareas, pero todo pasa de acuerdo con su voluntad soberana, aún cuando Él mismo nos aconseja. Él no carece de nada que esté en el poder de los hombres darle. Oh, qué Señor más lleno de gracia, quien desea que las personas realicen para Él aquellas cosas por las cuales Él mismo se tiene por responsable! Día y noche, momento a momento, todos debiesen expresar su más devota gratitud hacia Él”.

David Manuel razonó: “¿Qué si el descubrimiento de Colón no había sido “accidental”? ¿Qué si no estaba nada más corriendo la cortina de un drama extraordinario? Igual que todos aquellos que han descubierto la realidad del Cristo viviente, que supimos que Dios tenía un plan para la vida de cada individuo—un plan que podía, con esfuerzo espiritual, ser discernido y además seguido. ¿Qué si Él trataba con naciones completas de la misma manera?” (Ibid. pág 18).

Lo que David Manuel estaba haciendo es lo que todo Cristiano ha de hacer en lo que concierne a la historia: Discernir la huella de la mano de Dios en los acontecimientos históricos de manera que podamos comprender Su propósito para con ese pueblo o nación y participemos responsablemente en el desenvolvimiento generacional de ese propósito y plan. Esto es lo que llamamos interpretar Historia de manera pactal.

Una de mis experiencias más chocantes como Cristiano joven (en edad y en la fe) fue mi transición de la educación Secundaria a la Universitaria en la Nicaragua revolucionaria. De un solo golpe los héroes de la educación Secundaria eran ahora los villanos de la educación Universitaria. Y también, los villanos de la educación Secundaria eran ahora los héroes de la educación Universitaria.

En ese tiempo no era consciente totalmente de cómo operaba la cosmovisión del Marxismo. Estaba simplemente frente al revisionismo histórico, es decir, la tarea de los conquistadores sociales de re-escribir la historia de manera que la teleología de tal historia coincidiera con los postulados filosóficos de la ideología vencedora. El evolucionismo histórico debe mostrar coherencia entre los hechos históricos pasados, los hechos históricos presentes y la predestinación de los hechos históricos futuros. Es el intento de atar la historia a un desenvolvimiento predestinado en términos de la cosmovisión vencedora. Es una forma de decir: “La historia no puede ser de otra manera, éstas son las metas lógicas”. Por supuesto, esas metas serán lógicas siempre y cuando razonemos en términos de la cosmovisión que ha re-escrito la historia.

Es otro buen momento para citar nuevamente al Dr. North: “Los vencedores escriben los libros de texto de historia. No hay evidencia más profunda de la derrota cultural del Cristianismo en el siglo XX que la parcialidad humanista que domina el proceso de escribir la historia”.

Toda nuestra niñez y juventud Cristiana se encuentra expuesta al proceso de revisionismo histórico impulsado por la sociedad humanista. No es un simple capricho el cambiar los nombres de los días de celebraciones nacionales. No es accidente que el 12 de Octubre haya “evolucionado” de Día del Descubrimiento de América a Día del Encuentro de Culturas. Estos nombres llevan en sí mismos los criterios paradigmáticos provistos por los bautizadores de tal celebración para interpretar el hecho histórico.

¿Qué pasaría con el detective que, investigando un hecho policial, se dedicara primeramente a borrar todas las huellas y evidencias que ayudaran a esclarecer quién es el autor, motivos y medios de tal hecho? ¿Qué tal si comienza llamando al hecho en sí de cierta manera? ¿Qué tal si en lugar de llamarlo “crimen” lo llamara “contravención”?

Lo que quiero decir es que el revisionismo histórico está dedicado a re-escribir la historia en términos de la cosmovisión en boga. En tal tipo de historia los hechos tienen poca—si es que hay alguna—relación entre sí de manera sistemática.

Y cuando el proceso de re-escribir la historia ha sido completado, uno, literalmente, ha sido trasladado de sociedad. ¡Literalmente está viviendo en otro país y hasta en otro mundo! Después del proceso de revisionismo histórico el antiguo pasado no tiene conexión con el actual presente.

El presente dilema que está ocurriendo posterior a las votaciones en los Estados Unidos ha levantado una andanada de cuestionamientos con respecto a la vigencia y propiedad del Colegio Electoral Estadounidense. Analizar el lugar que ocupa el Colegio Electoral en la estructura política Norteamericana sería motivo no de un ensayo sino de algunos volúmenes tanto de historia Cristiana americana como de teoría social política. Mi señalamiento en este sentido es que los cuestionamientos están surgiendo de personas que, a partir de su propio presente actual, están tratando de entender una estructura político-social cuyo pasado de ayer no tiene conexión con el presente de ellos, ni con la cosmovisión en que han sido educados. Para ellos el modelo del Colegio Electoral—diseñado por los Padres Fundadores de la Nación Americana—les resultará un anacronismo a menos que entendiesen la cosmovisión de los Padres Fundadores y la teleología que tales hombres suplieron a los pobladores de esa nación desde los años 1600’s.

La Historia Bíblica es nuestro estándar tanto para escribir como para interpretar nuestra propia historia. Dos cosas son esenciales para inocular a nuestra niñez y juventud contra el revisionismo histórico impulsado por los humanistas:

1) Dominio del Lenguaje, particularmente del lenguaje bíblico, con sus palabras, modos verbales e imaginería (las imágenes que las palabras evocan). La historia bíblica está registrada en palabras con características propias. El carácter pactal de la teología Cristiana incluye las palabras y estructuras del lenguaje de la revelación Bíblica. Tenemos que aprender a leer e interpretar la revelación Bíblica y tenemos que aprender a enseñar pactalmente su contenido y estructura.

2) Dominio de los criterios pactales para leer la Historia Bíblica y entonces, poder leer (y escribir) nuestra propia historia. El carácter del Dios que moldeó aquella historia (la bíblica) no ha cambiado. Un estudiante demuestra que sabe leer la Historia Bíblica cuando sabe leer su propia historia, la de su familia, la de su Iglesia, la de su nación, la de su institución educativa, en términos de la cosmovisión Cristiana.

La exposición del revisionismo histórico en las mentes de nuestros niños y jóvenes está produciendo una juventud hostil a la Historia. Si una generación es hostil a la Historia será también hostil al Cristianismo Ortodoxo Bíblico. Los encuentros ecuménicos entre Protestantes y Romanistas olvidan las profundas diferencias de interpretación histórica que nos distancian. Sin embargo, tales encuentros pueden darse no en el contexto de una visión pactal de la historia sino en la supuesta sensación de paz que sentimos que Jesús nos ha traído, tanto a los de un bando como a los del otro. El punto pivote en este caso es la experiencia, no la realidad objetiva del contenido concreto de la revelación Bíblica.

Debemos enseñar Historia Bíblica. Debemos entender muy bien la relación entre un evento y otro. Debemos comprender la progresión revelacional que está ocurriendo durante el desenvolvimiento de ambos eventos históricos Bíblicos. Debemos entender la estructura pactal del Pentateuco. Tenemos que enseñar la teoría social política que se derivó del Pentateuco y cómo funcionaba en la realidad al estudiar los libros de Josué, los Jueces, Rut, Samuel, Crónicas, Reyes, Esdras, Nehemías, Ester y los Profetas.

Así llegamos a nuestro HOY. Con el desafío de interpretar nuestra propia historia no a la luz de las “revelaciones” de John Dewey, Marx o Freud. Si nuestros jóvenes no están preparados para interpretar su propia historia tampoco estarán preparados para cambiar el rumbo de su actual historia.

Pactalmente a esto lo llamamos continuidad, la realidad de que cada generación al interpretar a partir del Pacto su propia Historia hará los ajustes y tomará las decisiones necesarias para participar en su generación de manera responsable. Se requieren los libros que muestren a la actual generación como enlazarse con la visión pactal de la Historia Bíblica que, en última instancia, es la visión de Dios: una visión de la Historia que inicia con el carácter santo de un Dios Soberano y no con el poder y capacidades del hombre.

Hacer caso del revisionismo histórico humanista es ser raptado a otro mundo, con otra historia y, por lo tanto, a otro destino. Teología y teleología han de coincidir. No puedo decir que me voy volando si soy barco. La Historia Bíblica nos dice quienes somos... y para donde vamos.


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