Por Donald Herrera Terán

Es bastante frecuente que en círculos donde se discutan ideas se enfatice la necesidad de “no quedarse solamente en lo ideológico”, sino que pasemos al aspecto práctico.

Esta preocupación es entendible, pero también es bastante desafortunada en el sentido de que, con frecuencia, no se comprende la relación epistemológica entre teoría y práctica, por lo menos desde una cosmovisión Cristiana.

La visión Cristiana de la realidad (metafísica) señala hacia una sola Verdad y, por lo tanto, una sola práctica congruente con esa Verdad. Existen miles y miles de aplicaciones de la misma Verdad dado que hay también miles y miles de áreas donde esa Verdad es aplicada. La Verdad permanece inmutable puesto que es dada por un Dios incambiable. No nos enfrentamos simplemente con “facetas” de la Verdad, sino con relaciones de la Verdad dada su aplicabilidad en un área particular.

En su afán de ser práctica la Iglesia olvida que primero ha de entender con meridiana claridad la teoría que pretende practicar. No vaya a ser que, en su afán de mostrarse práctica niegue la integridad de la Verdad que está pretendiendo poner en práctica.

Es verdad que, desde una cosmovisión Cristiana, probamos en nuestra práctica el entendimiento que tenemos sobre una Verdad. Cito solamente un ejemplo: No demuestro que entiendo la doctrina de la Trinidad por citar los textos bíblicos que respaldan la doctrina. La cita de los textos per se forma parte del proceso académico de articular una verdad. Lo que necesito ahora es un área de la vida—digamos, la Historia—donde aplicar las implicaciones de la Verdad Trinitaria.

Un campo donde puede ocurrir con facilidad una contradicción de términos (¡y realidades!) es el campo de la educación, en el que la metodología puede contradecir o reforzar una cosmovisión rival a la Fe Cristiana. Damos por sentado que esto no se hace con la intención de erosionar la Fe Cristiana, pero de todas formas el resultado negativo sigue siendo el mismo. Mi ignorancia de las Verdades bíblicas no impide el daño a la Cosmovisión Cristiana como sistema de pensamiento. El problema es que los estudiantes relacionan mi ignorancia con el cuerpo de Verdad que les está siendo presentado como Verdad Cristiana. Explico: en mi afán de mostrarme práctico me muestro también ignorante. ¡Y esto en nombre de la Fe!

La Primacía de la Teoría


“La teoría sin práctica es muerta, y la práctica sin teoría es ciega. El problema de la Iglesia profesante no está primariamente en su práctica, sino en su teoría. Los Cristianos no conocen, y muchos aún ni se preocupan por conocer, las doctrinas de la Escritura. La Doctrina es intelectual, y los Cristianos son generalmente anti-intelectuales. La Doctrina es filosofía de la torre de marfil, y ellos se burlan de las torres de marfil. Sin embargo, la torre de marfil es la torre de control de la civilización. Es un error teórico fundamental de los hombres prácticos pensar que pueden ser meramente prácticos, pues práctica es siempre la práctica de alguna teoría” [A Christian Philosophy of Education, Gordon H. Clark, pág. 249].

Acerquémonos despacio al fenómeno contemporáneo del estudio de la Doctrina Cristiana en la Iglesia de hoy. Lo que pasa como Doctrina en realidad son mayormente formulaciones, declaraciones de la Verdad Cristiana sin profundizar en las relaciones que esas declaraciones tienen entre sí. La tarea de formulación o declaración está haciéndose. Las carencias comienzan en el proceso de mostrar la relación de estas formulaciones entre sí.

Y aún no llegamos al tercer paso: Las implicaciones del cuerpo de Verdad Cristiana a todas las áreas de la vida.

Una de las razones por las que el proceso no se hace satisfactoriamente es por la reducción del mensaje Cristiano. Al transformarse la Fe en solamente una experiencia individual, se sigue que lo que ocurre en el individuo es la medida del alcance de la Fe. Los razonamientos toman esta apariencia: Lo que la gente tiene son problemas. Así que hagamos que la Fe responda a sus problemas.

Ciertamente que la gente tiene problemas. Y también es verdad que muchos problemas requieren el auxilio directo de un Buen Samaritano. Pero no todos los problemas son de este tipo. Debemos recordar que las epístolas Paulinas responden a situaciones problemáticas muy concretas en el seno de las Iglesias del primer siglo. Sin embargo, las epístolas inician profundamente teóricas, porque “práctica es siempre la práctica de alguna teoría”. Los mandamientos éticos de las Epístolas Paulinas son ininteligibles (cosmovisionalmente hablando) sin las porciones teóricas iniciales. La ética ha de ser congruente con la metafísica planteada.

La Historia Bíblica—de la misma forma—sólo puede ser comprendida e interpretada a partir de las declaraciones proposicionales de la Escritura. El estudio de los reyes de Israel quedaría incompleto sin los escritos de los profetas. Los Evangelios sin las Epístolas serían historia interesante pero no historia Cristiana.

De la cita anterior de Gordon H. Clark nos ponemos a pensar: Si las torres de marfil son las torres de control de la civilización, entonces, ¿qué pasa con las torres de marfil del pensamiento Cristiano? ¿Dónde están los esfuerzos Cristianos por interpretar al hombre, la historia, la sociedad, la educación, la economía, las artes, el comercio, la diplomacia, en términos del cuerpo de Verdad Cristiana?

Los últimos años han visto el crecimiento de una presión creciente sobre la Cristiandad para que se pronuncie sobre estos temas. Pero, al encontrarse las torres de marfil debilitadas, los pronunciamientos han sonado Cristianos, pero las presuposiciones sobre las que se han edificado provienen de fuentes anti-Cristianas. Así, en su afán de ser práctica, buscando soluciones a los problemas de la gente, la Iglesia ha afirmado el carácter autónomo de sistemas de pensamiento anti-Cristiano. Al hacerlo así ha contribuido con el avance de la ignorancia en la educación, con el crecimiento del estatismo, con el empobrecimiento de la familia y con el aumento de la irrelevancia del mensaje Cristiano.

Permítanme completar la cita de Gordon H. Clark: “La relación entre teoría y práctica es la relación entre causa y efecto. Si una persona cree la teoría correcta, su práctica tenderá a ser correcta. La práctica de muchos Cristianos contemporáneos es inmoral porque es la práctica de falsas teorías. Es un error teorético mayor de los hombres prácticos pensar que pueden ignorar las torres de marfil de los filósofos y teólogos como irrelevantes para sus vidas. Toda acción que los hombres “prácticos” realizan está gobernada por el pensamiento que ha ocurrido en alguna torre de marfil—sea que esa torre sea el Museo Británico, la Academia, una casa en Basilea, Suiza, o una tienda en Israel” [A Christian Philosophy of Education, Gordon H. Clark, pág. 249].

El Mensaje y el Éxito


El énfasis en el “éxito” de la Iglesia es otro argumento que debemos analizar con cuidado. En este argumento el “punto fijo” para la aprobación de tal o cual práctica es el número de miembros de la Iglesia. En el individualismo el “punto fijo” es el estado anímico del creyente: “Si te sientes bien, es de Dios”. En lugar de enfrascarse en un estudio serio de la cosmovisión Cristiana (lo que implicaría—ciertamente—esfuerzo intelectual), el individualismo dice: “Mira dentro de ti mismo. Busca la verdad ‘guiado por el Espíritu’. El estándar último de verdad es tu capacidad de asentir a la Verdad de Dios”. La Verdad de Dios es Verdad de Dios aún cuando yo sea ignorante de ella o, conociéndola, no haya dado mi asentimiento. Todavía soy juzgado por esa Verdad (Romanos 1).

Las Clases de Doctrina (si es que hay) tienden a ser catecismos evangélicos: se recitan versículos, se aprenden citas, se leen textos, pero no se interpreta el todo de la vida en términos de las proposiciones de la revelación bíblica. Resultado: La Biblia es el libro dominical, pero no es el libro de texto para la vida.

“Es la primera tarea y obligación del Cristiano entender la teoría correcta—la doctrina correcta—y de allí implementar la práctica correcta. La carencia de poder de la Iglesia es el resultado de su carencia de Verdad”. No es que no se tenga Verdad. Es que no se tiene ni en la cantidad ni en la profundidad suficiente. “El Evangelio es el poder de Dios, no la experiencia religiosa o la relación personal. La Iglesia no tiene poder porque ha abandonado el Evangelio, las buenas nuevas, tomando en su lugar una religión experiencialista” [A Christian Philosophy of Education, Gordon H. Clark, pág. 250].

Cuando la religión parte del hombre la pregunta clave es: “¿Qué necesita el hombre?” La frase se oye altruista y bien intencionada. Cuando la Fe parte de Dios la pregunta clave es: “¿Qué dice Dios que el hombre necesita?” En lugar de preguntar: “¿Qué ha diseñado el hombre autónomo para suplir las necesidades del hombre?”, preguntamos: “¿Qué ha diseñado el Dios Soberano para suplir las necesidades del hombre y cumplir así SUS propósitos?”

Los diagnósticos del hombre se centran en el hombre. Los diagnósticos de Dios se centran en sí mismo. El hombre no es sencillamente un pecador; el hombre es un pecador en contra de Dios. Como resultado de su pecado los procesos de pensamiento del hombre se encuentran torcidos. Sus premisas son falsas. Sus conclusiones son también falsas. La realidad que estas premisas crean es anti-Cristiana. No que el hombre no descubra porciones de la verdad. Pero aún lo que descubre en porciones es por causa de la gracia y la autorevelación de Dios.

El hombre es totalmente dependiente de Dios. No solo en lo relativo a su salvación sino también en lo relativo a su conocimiento: lo que puede conocer y la profundidad en que llega a conocer lo que conoce. El hombre no es autónomo en su raciocinio. Se encuentra con el “entendimiento entenebrecido” y lleno de “ignorancia” (Efesios 4:18).

El propósito de la Verdad es hacernos libres (Juan 8:28). Estudiarla, comprenderla y aplicarla es nuestra total responsabilidad. En ese orden.