Por Donald Herrera Terán

II Corintios 5:17 declara: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas". Y en Apocalipsis 21:5 leemos: "El que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas»". El Dios de la Biblia es el Dios de lo nuevo, de los re-inicios y de los re-principios. La estructura semanal (de 7) de la Creación señala hacia esta realidad.

La palabra "nuevo" es traducción del original Griego kainos, que significa nuevo, fresco, algo que ha sido hecho muy recientemente, algo de una nueva calidad, que se encuentra en estado de no-uso, algo desconocido hasta el momento o acerca de lo cual no se había escuchado antes. Este último sentido es usado en Hechos 17:21 para referirse a los Atenienses y su tendencia hacia las curiosidades ideológicas. También se usa para referirse a aquello que no es acostumbrado.

De todo esto aprendemos que kainos se usa para referirse a lo nuevo, no con respecto al tiempo, sino nuevo en forma o cualidad, de diferente naturaleza de aquello con lo que se contrasta como viejo (Diccionario Expositivo de Vine, versión electrónica, Biblioteca Electrónica Caribe). Para referirse a algo que es nuevo con respecto al tiempo el Griego usa la palabra nevo".

El libro de Apocalipsis está lleno de referencias de cosas que son nuevas: Los creyentes reciben un nombre nuevo (Apoc 2:17), los creyentes reciben también el nombre nuevo del Señor (Apoc 3:12), los creyentes cantan un nuevo cántico (Apoc 5:9; es digno de notar aquí la teología Antiguotestamentaria de este nuevo canto. Es decir, el canto es antiguo en contenido y nuevo en su cumplimiento), se menciona otro cántico nuevo en Apoc 14:3, y la nueva Creación es descrita en Apoc 21:1 como cielo nuevo y una tierra nueva.

Jesús dijo en Mateo 7:17—18: "Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego". La naturaleza del árbol determina la naturaleza del fruto. Es una imposibilidad biológica para un árbol malo producir frutos buenos. Lo mismo que es una imposibilidad biológica para un buen árbol producir frutos malos.

La pregunta que nos estamos haciendo en este número de Reino y Visión es: ¿Cuáles son los frutos nuevos que corresponden a un hombre también nuevo? Esto nos lleva a pensar en una segunda pregunta: ¿Qué cosas está comprometido Dios a producir por medio de la raza nueva de hombres que Él está levantando en Cristo Jesús?

EL HOMBRE por excelencia es CRISTO JESÚS. Los frutos del Hijo del Hombre son el distintivo y guía para los frutos producidos por los nuevos hombres, creados a Su imagen y semejanza.

Todos los hombres son creados a imagen y semejanza de Dios. Este es un hecho ineludible para los quebrantadores del Pacto. La última expresión del odio de los impíos contra Dios es el odio contra sí mismos y lo que ellos mismos reflejan de la persona y carácter del Creador. Para el impío es una imposibilidad ética hablar de producir frutos buenos y mantenerse al mismo tiempo fiel a su condición ética de rebelde contra su propio Creador. Mientras más se empecine en hacer cosas "buenas" más cerca estará de reflejar a su Creador. Cornelius Van Til (1895-1987) se refería a esto comparándolo con un cuadro familiar: Es como la pequeña niña que para golpear en las mejillas a su propio padre... debe subirse sobre las rodillas de su mismo padre.

¿Qué fruto tiene alcances más poderosos e influyentes en la historia? ¿El fruto de los quebrantadores del pacto o el fruto de los hijos de Dios? ¿Tiene el fruto, para ambos grupos, características culturales? Es decir, ¿van más allá estos frutos del rango de lo privado y lo personal?

Toda una cultura puede llegar a ser identificada con los frutos producidos desde dentro de los hombres; es decir, a partir de su condición ética. Así, tenemos sociedades musulmanas, identificadas totalmente con los frutos de una ideología religiosa. Tenemos sociedades animistas, confucionistas, maoístas, marxistas y la sociedad predominante del resto del mundo: la sociedad humanista, fruto del pensamiento del Iluminismo y el Renacimiento.

La Cristiandad contemporánea tiende a señalar los frutos individuales y privados de la Fe Cristiana. Cierto es que cada individuo regenerado ha experimentado un encuentro de carácter privado y personal con el Señor Jesucristo. ¡Eso es una gran experiencia! De hecho es la más grande experiencia que el ser humano pueda llegar experimentar en toda su existencia.

Sin embargo, esta persona, por el mismo Espíritu que le regeneró, es incluido en una sociedad de hombres nuevos, también regenerados. Los frutos de esta sociedad de hombres nuevos tienen que ser radicalmente diferentes (¡y mucho más poderosos e influyentes en la historia!) que los frutos de la sociedad de hombres impíos.

El individualismo marcado de nuestra época influye nuestra lectura de las Escrituras. Llegamos a pensar que es un libro escrito para el "yo", el individuo, de manera exclusiva. Los mandamientos de carácter ético de las Escrituras tienen un profundo sentido colectivo. Como ejemplo tomemos solamente los contenidos en la Epístola a los Efesios, capítulo 4: que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados (v. 1), soportándoos con paciencia los unos a los otros (v. 2), guardar la unidad del espíritu (v. 3), llamados en una misma esperanza (v. 4), vestios del nuevo hombre (v. 24), desechando la mentira (v. 25), manejad adecuadamente la ira (v. 26), hurto y generosidad (v. 28), administración pactal de las palabras (v. 29), quitarse amargura, enojo, ira, gritería, maledicencias y malicia (v. 31), ser benignos unos con otros (v. 32). Todo esto se resume en la frase: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados" (Efesios 4:33).

Los frutos del hombre nuevo son también frutos nuevos. Son frutos que establecen el Pacto. Son frutos que señalan el propósito último de Dios para con Su Hijo, Jesucristo y para con sus hijos creados a la imagen de Cristo Jesús. Todas las empresas iniciadas por estos hombres nuevos producen frutos nuevos. Sea que establezcamos relaciones, fundemos nuevas familias, fundemos nuevos negocios, fundemos comunidades de fe (Iglesias), establezcamos leyes (legislación), fundemos Escuelas Cristianas, establezcamos normas disciplinarias, escribamos obras literarias, etc., si somos hombres nuevos estos medios llevarán el propósito de producir frutos nuevos. Todas estas cosas son herramientas. No son un fin en sí mismas.

El hombre se ha colocado a sí mismo en el centro del universo. Prueba todas las cosas según su propio criterio. Mi amigo, el pastor Carlos Flores de Iglesia Verbo Costa Rica, me contaba el chiste de dos líderes Cristianos que llegan a una esquina con el semáforo en rojo. Uno de ellos le pregunta al otro: "¿Qué dices, lo paso?" A lo que el otro líder responde: "Si tienes paz, hazlo". Creo que esta situación humorística refleja bien el espíritu de nuestro tiempo: El "yo" es la medida final de todas las cosas, incluyendo aquellas de carácter ético.

El fruto nuevo, pues, no se prueba por mi propia apreciación subjetiva de lo que es nuevo. La pregunta de un corazón rendido incondicionalmente es: "¿Qué dice Dios que es nuevo?" No es cómo me siento yo frente a tal o cual pensamiento o acción, sino lo que Dios ha establecido con respecto a tal o cual pensamiento o acción.

Los hombres nuevos razonan como Dios razona. No porque ellos mismos se eleven a la condición de dioses, sino porque han rendido incondicionalmente sus procesos de pensamiento y razonamiento a Dios. Esto es tener la mente de Cristo (I Corintios 2:16). No es que la criatura se haya elevado al rango de dios, sino que la criatura ha reconocido—por Gracia—su auténtica condición de criatura delante de su Creador. Dios es Dios y yo no lo soy.

El inicio del establecimiento de una visión Cristiana de la realidad (metafísica) inicia con declaraciones que no nos sería posible conocer a menos que Dios las haya revelado. Aquí es donde se libra una auténtica batalla por las mentes de los hombres. Las ideas tienen consecuencias porque las ideas son generadoras de realidad. Las palabras son los vehículos en que se montan las ideas para alcanzar las mentes de los hombres. La batalla por la definición de las palabras es una batalla por las ideas. Así, las palabras son los pequeños soldados en la batalla de las cosmovisiones.

Los frutos nuevos son el resultado de palabras nuevas en corazones nuevos. Los hombres quebrantadores del pacto no pueden producir frutos nuevos. Todo fruto de los quebrantadores del pacto es una "obra muerta" (Hebreos 6:1). El arrepentimiento de "obras muertas" es el reconocimiento—por Gracia—de nuestra condición de quebrantadores del Pacto y de la condición de todas nuestras obras: inútiles con respecto a alcanzar la justificación, es decir, una posición correcta delante de Dios.

Lo que es increíble es como muchos Cristianos creen que los quebrantadores del Pacto pueden producir frutos nuevos: Esperan que los programas educativos diseñados por quebrantadores del Pacto eduquen a sus hijos proveyéndoles una visión auténtica de la realidad; creen que los programas económicos de los hombres proveerán lo que ellos llaman "prosperidad"; creen que los programas de beneficencia del Estado humanista regenerarán a los pobres, los sin hogar, los abandonados, los ancianos, etc.; creen que los programas de reeducación carcelaria regenerarán a los criminales y delincuentes; creen que los programas de regeneración de drogadictos lograrán éxito permanente y cientos de cosas similares.

Pablo dice con respecto a esto: "Y no participéis de las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas" (Efesios 5:11). Sin la mente de Cristo no es posible si quiera darnos cuenta cuándo una obra es una obra infructuosa de las tinieblas.