Reparando las Ruinas

EL ASPECTO PACTAL DE LA EDUCACIÓN

Patch Blakey

El propósito de la educación es pasar conocimiento de una generación a la siguiente, lo cual es imposible fuera de un contexto pactal. Sin esta transmisión generacional de conocimiento, la humanidad sería apenas un poco mejor que los animales. La mayoría de los Cristianos están conscientes de que todos los tesoros del conocimiento se encuentran en Dios (Colosenses 2:2-3). Pero hay un vínculo entre la educación y Dios que muchos Cristianos nunca han considerado.

El Dios soberano en Su infinita sabiduría se ha propuesto y ha creado al hombre según Su propia imagen. El ser creados a la imagen de Dios no nos hace Dios a cada uno de nosotros, pero sí significa que compartimos algunos atributos comunes. Un aspecto de nuestra naturaleza humana es que tenemos mente y la habilidad de razonar (Isaías 1:18; 55:8-9). Pero nuestra naturaleza pecaminosa heredada de nuestro padre, Adán, tiende a privarnos de nuestra razón, haciéndonos más toscos o similares al animal (2 Pedro 2:12; Romanos 1:21). El conocimiento solo no puede restaurar esta pérdida. Primero debemos ser renovados en Cristo antes de que podamos verdaderamente beneficiarnos de los abundantes tesoros del conocimiento que se encuentran solamente en Cristo (Colosenses 3:10).

Pero Dios es también un Dios pactal (Deuteronomio 7:9; Daniel 9:4), y como tal, Él ha ordenado que los hombres vivan de acuerdo al pacto que Él como el Dios soberano de toda la creación ha establecido y revelado en las Escrituras. Este pacto no tenía la intención de limitarse solamente a la nación de Israel, sino que fue diseñado para todo el mundo (Génesis 17:4; Mateo 28:19). Nosotros como Cristianos, el cuerpo de Cristo, la Iglesia, somos los herederos del pacto que Dios hizo con nuestros padres espirituales (Gálatas 3:18, 15-16, 29). Como tales, el pacto que Dios hizo con nuestros padres, incluyendo a Abraham, Moisés y David, todavía se aplica a nosotros hoy - las promesas, lo mismo que las bendiciones y las maldiciones.

La mayoría de Cristianos evangélicos modernos están más que dispuestos a declarar las promesas y bendiciones que les acompañan, pero desearíamos más bien no reconocer las maldiciones. Las promesas, sin embargo, toman como un todo tanto las bendiciones y las maldiciones. No podemos tomar unas y rechazar las otras. Nuestra fidelidad en guardar el pacto de Dios, o nuestra falta de ella, determina si nosotros como la Iglesia seremos los recipientes de las bendiciones o maldiciones pactales - "Acontecerá que si oyes atentamente la voz de Jehová, tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová, tu Dios, te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, si escuchas la voz de Jehová, tu Dios... Pero acontecerá, si no oyes la voz de Jehová, tu Dios, y no procuras cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te ordeno hoy, vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas maldiciones" (Deuteronomio 28 :1-2, 15 y siguientes).

El mismo lenguaje pactal encontrado en los pasajes anteriores de Deuteronomio 28 también se encuentra en Deuteronomio 6: " los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová, vuestro Dios, mandó que os enseñara, para que los pongáis por obra en la tierra a la que vais a pasar para tomarla en posesión, a fin de que temas a Jehová, tu Dios, guardando todos los estatutos y mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que se prolonguen tus días" (Deut. 6:1-2). Note que unos pocos pasajes después (Deut. 6:7) se nos manda que ENSEÑEMOS estos mandamientos, el pacto perpetuo de Dios, a nuestros hijos. Esto se relaciona con el pacto que Dios hizo con Abraham, "Estableceré un pacto contigo y con tu descendencia después de ti, de generación en generación: un pacto perpetuo, para ser tu Dios y el de tu descendencia después de ti" (Génesis 17:7). De una manera similar pero ampliada Jesús mandó las mismas cosas para sus seguidores, "Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:19,20).

El enseñar es inherentemente pactal. Como padres estamos ya sea enseñando fielmente a nuestros niños a ser guardadores del pacto y por lo tanto recipientes de las bendiciones prometidas a nuestros padres espirituales y sus descendientes después de ellos, o somos infieles enseñando a nuestros hijos a ser quebrantadores del pacto y recipentes de las maldiciones. No hay zona neutral.

Pero, ¿cómo podemos nosotros como Cristianos esperar enseñar a nuestros hijos - como Dios lo ha mandado tan claramente - si los enviamos a las escuelas del gobierno que implícitamente, sino explícitamente, niegan la relevancia de Dios en todas las áreas de la vida? En lugar de aprender cómo la palabra eterna de Dios se aplica a todo lo que pensamos, hacemos y decimos los niños en el sistema escolar del gobierno aprenden que el conocimiento es algo "neutral" y separado del Dios que creó el Universo y todo lo que hay en él, y Quien controla todas las cosas por su omnipotente poder. A los niños educados de esta manera no se les enseña la pre-eminencia de la Palabra de Dios, sino más bien que ésta es insignificante, irrelevante, pasada de moda. A la luz de esto, ¿podemos nosotros como padres Cristianos correctamente esperar las bendiciones del pacto sobre nuestros hijos y sobre los hijos de nuestros hijos hasta mil generaciones? ¿No debiésemos más bien con temor anticipar las maldiciones sobre nosotros y sobre n uestros descendientes después de nosotros por nuestra infidelidad al pacto de Dios por la manera en que educamos a nuestros hijos?

En lugar de levantar una descendencia piadosa que glorifique a Dios al aprender y guardar Su pacto, los Cristianos que con toda disposición apoyan y usan el sistema escolar del gobierno están sutilmente enseñando a sus hijos a ser moralmente esquizofrénicos; excepto para la adoración de los domingos por la mañana no hay absolutos morales, y todo hombre puede hacer lo que sea correcto a sus propios ojos. Tales padres han estado diligente e ignorantemente enseñando a sus hijos a ser quebrantadores del pacto. El pacto de Dios es inescapable, lo mismo que las consecuencias por ignorarlo. Y los resultados son terriblemente visibles en nuestras escuelas y en nuestra sociedad.