Dejando una Herencia

por Dudley Hall

(De "La Palabra Semanal" de Dudley Hall, 2 de Octubre).

Probablemente Ud. haya escuchado que en los próximos pocos años más riqueza será transferida que en cualquier otro tiempo en la historia. La generación "madura" le estará dejando sus posesiones a la siguiente generación. Billones de dólares estarán en las manos de aquellos que no los ganaron, pero que ahora son responsables de manejarlos.

"Los bienes que se adquieren de prisa al principio, no serán al final bendecidos" (Proverbios 20:21).

La pregunta para las dos generaciones es de asociación y de mucha importancia. ¿Le hemos transferido la madurez a la generación que está recibiendo esa herencia? y, ¿Están ellos listos para la prueba de administrar la propiedad privada? No me siento muy optimista por ninguna de las posibles respuestas a estas dos preguntas. Mi generación ha visto la riqueza (los recursos materiales) como una recompensa por los logros o como una regla para medir el éxito. Debido a que no la hemos visto como una prueba para el carácter, hemos malusado el dinero - en un enorme grado - y ahora transferiremos tanto nuestros valores como nuestro dinero a nuestros hijos. Allí es donde reside la probabilidad distintiva de que este dinero podría ser tomado por un gobierno que ansía ardientemente ese dinero y que les promete seguridad si ellos tan solo renuncian a su derecho a la propiedad privada.

La perspectiva bíblica de la realidad incluye la apreciación de la propiedad privada porque esta es la herramienta de Dios para hacernos madurar. A medida que aprendemos a resolver los problemas asociados con la administración de nuestros bienes ganamos la sabiduría para regir sobre más bienes y así maduramos para manejar las responsabilidades que Dios diseñó para nosotros. El principio, simple pero dinámico, del reino de Dios es: "Si eres fiel en lo poco obtendrás más. Si eres fiel en lo ajeno obtendrás lo propio. Si eres fiel en lo natural obtendrás lo espiritual" (Lucas 16:10-11). Aquellos que no han vivido en esta realidad no están listos para manejar asuntos mayores, y hay algunos problemas muy grandes con los que tendrá que enfrentarse la próxima generación.

Quizás debiésemos volvernos tan interesados en transferir las habilidades del reino en lo que a madurar se refiere igual que lo estamos en el dinero y la propiedad que transferiremos. La madurez es una de las cosas a las que no puede llegarse por un atajo. No puede ser empaquetada en plástico e ir disponiendo de ella según el momento. Esta próxima generación necesita algunos padres que quieran invertir el tiempo preparándoles para administrar su herencia.