Tres Argumentos Contra
El Presuposicionalismo
___________________________________________

Se ha visto que la Palabra de Dios es fundacional (punto de partida) para todo conocimiento. Tiene autoridad epistémica absoluta y se la presuposición necesaria de todo el conocimiento que el hombre posee. Todo nuestro conocimiento ha de ser una reconstrucción receptiva de los pensamientos primarios de Dios; el Señor es el originador de toda verdad. Así que, la Palabra de Dios debe ser considerada como el estándar final de la verdad para el hombre. Aquellos que pretendan autosuficiencia intelectual y se abstengan de presuponer la palabra de Cristo en la Escritura son dirigidos hacia una ignorancia sin sentido. Uno debe comenzar con Cristo en el mundo del pensamiento o sino abandonar cualquier esperanza de obtener verdadero conocimiento – acerca de sí mismo, del mundo o de Dios. Este ha sido el testimonio de la Escritura tal y como lo hemos examinado en nuestros estudios previos: “El principio de la sabiduría es el temor de Jeh ová”(Pr. 1:7); “en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento” (Col. 2:3).

Juan Calvino reconoció esta perspectiva Cristiana y la hizo fundacional para la elaboración de su libro “Los Institutos de la Religión Cristiana”:
        
Casi toda la sabiduría que poseemos, es decir, la verdadera y sana sabiduría, consiste de dos partes: el conocimiento de Dios y de nosotros mismos. Pero, en tanto que unida por muchas coyunturas, cuál precede y cuál trae a la otra no es fácil de discernir. En primer lugar, nadie puede mirar a sí mismo sin inmediatamente volver sus pensamientos hacia la contemplación de Dios, en quien vive y se mueve... Otra vez, es cierto que el hombre nunca alcanza un claro conocimiento de sí mismo a menos que primero haya visto el rostro de Dios, y luego desciende de contemplarle a Él al escrutinio de sí mismo (libro I, Cap. I.1).

Con razón el antiguo proverbio fuertemente recomendaba el conocimiento de sí al hombre. Pues es considerado desdichado para nosotros el no saber todas las cosas que pertenecen a los asuntos de la vida humana... Pero, puesto que este precepto es tan valioso, debiésemos más diligentemente evitar aplicarlo perversamente. Esto, observamos, le ha ocurrido a ciertos filósofos, quienes, mientas urgen al hombre a conocerse a sí mismo proponen la meta de conocer su propia valía y excelencia... Pero el conocimiento de nosotros mismos yace primero en considera lo que se nos ha dado en la Creación y cómo generosamente Dios continúa mostrando su favor hacia nosotros... tener en mente que no hay nada en nosotros producido por nosotros mismos, sino que nos asimos a todo lo que Dios nos ha brindado. Por tanto, estamos siempre dependientes de Él... Es menester que reconozcamos que hemos sido dotados de razón y entendimiento para que, por medi o de llevar una vida santa y recta, podamos continuar hacia la meta señalada de una inmortalidad bendecida (Libro II, Cap. I.1).


Estas son las palabras de apertura del Libro I y del Libro II en los Institutos; Calvino consideró necesario presupones la Palabra de Dios, tanto “El Conocimiento del Dios y Creador” como también “El Conocimiento de Dios el Redentor”. Para conocer cualquier cosa que pertenezcan a los asuntos de la vida humana, ya sea en lo tocante a la creación o a la salvación, uno debe rechazar la autonomía promovida por las filosofías paganas y someterse a la verdad de Dios y admitir una abierta confianza en Él para el origen, dirección y capacitación de nuestro uso de la razón. En pocas palabras, Cristo debe tener la preeminencia (Col. 1:18) aún en lo relacionado al pensamiento. Con una perspectiva tal Calvino activó la más significativa y bendecida reforma de la Iglesia Occidental y de la cultura que la historia moderna haya atestiguado.

No es sorprendente que el principio bíblico de presuponer la palabra y la autoridad de Cristo en el mundo del pensamiento y hacerlo fundacional para todo conocimiento nos suene como “dogmático” o “absolutista”. Vivimos en una cultura que por tanto tiempo nos ha saturado con los reclamos de la autonomía intelectual y la demanda por neutralidad en el área de la erudición que esta perspectiva impía ha sido implantada en nosotros: como la supuesta “música de los caracoles”, es tan constante y estamos tan acostumbrados a ella que fallamos en discernirla. En un acontecimiento demasiado común y simplemente esperamos que así continúe.

1.        ¡No sorprende, entonces, que la posición epistemológica del pensamiento bíblico se levanta en agudo contraste! Desafía el status quo, demanda una reorientación de nuestras vidas y pensamientos, y amenaza con “poner al mundo de cabeza”. Puede parecer dogmático y absolutista, porque es dogmático y absolutista. El Cristiano no debiese avergonzarse de este hecho. Más bien debiese tener la humilde audacia de decir a un mundo perdido que el mensaje Cristiano es incondicionalmente verdad y la necesaria presuposición para todo el pensamiento (absolutista), que el evangelio de Cristo demanda arrepentimiento (incluyendo un “cambio de mente”), y que la palabra de Dios posee un definido contenido doctrinal el cual es autoritativamente revelado “directamente desde arriba” (dogmático). Por supuesto que la perspectiva bíblica no es  7;dogmática y absolutista” en el sentido de rigidez que a menudo se le atribuyen a estas palabras. La declaración Cristiana de que todo el pensamiento requiere la presuposición de la palabra de Cristo no es ni arrogante, ni irracional ni infundada.

2.        Otra crítica que se le hace a la posición del Presuposicionalismo Bíblico es que, si el conocimiento solamente puede ser obtenido por primero presupones la autoritativa palabra de Dios, entonces los no creyentes están privados de todo conocimiento; no se puede decir de ellos que conozcan nada – aún acerca de los hechos más elementales de la experiencia o de las verdades de la ciencia. Y eso es claramente absurdo, pues con seguridad algunos de los mejores científicos del mundo han sido no creyentes ¿Cómo explica el Presuposicionalismo que los no Cristianos conozcan ciertas cosas?

3.        Un tercer argumento desarrollado contra la perspectiva presuposicionalista es de que evita cualquier discusión significativa o argumentativa con el no creyente. No habría un “terreno común” sobre el cual tal discusión podría comenzar. Estando privados del conocimiento el no creyente no tendría nada para contribuir o aprender de un diálogo con un Cristiano. Es decir, que hasta que el no creyente se convierta ha hay ningún beneficio en hablar con él.

Claro que todas estas críticas a la posición de la epistemología bíblica descansan ya sea en malas interpretaciones o en información incompleta. En el curso de la subsecuentes estudios en esta serie consideraremos las tres mayores críticas al presuposicionalismo desde la perspectiva de las enseñanzas de las Escrituras. Se volverá notable que la posición bíblica sobre la epistemología no es ni infundada ni arrogante, y que más bien garantiza (antes que privar) al no creyente de conocimiento de la verdad, y de que es el único terreno sobre el cual el argumentar con los no creyentes puede ser efectuado. Unas palabras apropiadas para cerrar este capítulo y avanzar en nuestro tratamiento son las frases de Cornelius Van Til:

Los Creyentes no han escogido la posición Cristian porque sean más sabios e inteligentes que otros. Lo que poseen lo tienen solo por gracia. Pero esto no significa que aceptan la problemática del hombre caído como correcta... El hombre caído en principio busca ser una ley para sí mismo. Pero no puede realizar su propio principio hasta la plenitud. Se le restringe para que haga tal cosa... A pesar de lo que hace en contra de Dios; puede y debe trabajar para Dios; así, él es capaz de hacer una “contribución positiva” a la cultura humana.

        (Una Teoría Cristiana del Conocimiento, Presbyterian and Reformed, NJ: 1969, pp.43, 44).