La Mente del Nuevo Hombre

Enraizada en Cristo

___________________________________________

El creyente es orientado a evitar la filosofía que se encuentre enraizada en presuposiciones mundanas, humanistas y no-Cristianas. En su lugar se llama a estar enraizado en Cristo y establecido en la fe (Col. 2:7); sus presuposiciones deben ser los preceptos y la doctrina de Cristo, no las fútiles tradiciones de los hombres (cf. vv. 3,4,22;3:1-2). Esto elimina la necesidad de recurrir a la neutralidad y prohibe el que se vaya en pos de ella. La neutralidad es en realidad agnosticismo velado o incredulidad – en fracaso de caminar en Cristo, un oscurecimiento del compromiso y los distintivos Cristianos, y una supresión de la verdad (cf. Rom. 1:21,25).

Por lo tanto Pablo nos manda a estar enraizado en Cristo y a rehuir las presuposiciones del secularismo. En el verso 6 de Colosenses 2 él explica muy simplemente cómo debiésemos de vivir nuestras vidas (incluyendo nuestros procesos relacionados a la erudición), cimentados en Cristo y por tanto asegurándonos de que nuestro razonamiento sea guiado por presuposiciones Cristianas. Él dice: “Por tanto, de la manera que lo habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él”; es decir, caminen en Cristo de la misma manera que lo recibieron. Si hacemos esto entonces seremos “arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados (v. 7)”. ¿Cómo te volviste un Cristiano? Según el mismo patrón debieses crecer y madurar en tu caminar Cristiano.

Cuando uno se vuelve un Cristiano su fe no ha sido generada por los patrones de pensamientos de la sabiduría humana. El mundo en su sabiduría no ha conocido a Dios (I Cor. 1:21) sino que considera locura la palabra de la cruz (I Cor. 1:18; 2b). Entonces, si uno mantiene la perspectiva del mundo, nunca mirará la sabiduría de Dios por lo que realmente es; por lo tanto nunca estará “en Cristo Jesús” quien es hecho para los creyentes “sabiduría de Dios” (I Cor. 1:30). De donde la Fe, más que la perspectiva auto-suficiente, te hace un Cristiano, y esta confianza es dirigida hacia Cristo, no hacia nuestros propios intelecto. Es decir que la manera en que recibimos a Cristo es contraria a la sabiduría de los hombres (la perspectiva del pensamiento secular con sus presuposiciones) y obtiene, por la iluminación del Espíritu Santo, la mente de Cristo (I Cor. 2:12-26). Cuando uno se vuelve un Cristiano su fe permanece no en la sabiduría del hombre sino en la poderosa demostración del Espíritu (I Cor. 2:4-5).

Es más, es el Espíritu Santo quien causa que todos los creyentes digan “Jesús es Señor” (I Cor. 12:3). Jesús fue crucificado y ascendido con el propósito de que Él fuese confesado como Señor (cf. Rom. 14:9; Fil. 2:11). Por lo tanto Pablo puede resumir este mensaje que debe ser confesado si es que somos salvos como “Jesús es Señor” (Rom. 10:9). Para volverse un Cristiano uno se somete al señorío de Cristo; renuncia a la autonomía y se somete bajo autoridad del Hijo de Dios. Aquel a quien Pablo dice que recibimos, de acuerdo a Colosense 2:6, es Cristo Jesús el Señor. Como Señor sobre el creyente, Cristo le requiere al Cristiano que le ame con cada facultad que él posea (incluyendo su mente, Mateo 23:37); cada pensamiento debe ser traído cautivo a la obediencia a Cristo (2 Cor. 10:5).

En consecuencia, cuando Pablo nos dirige a caminar en Cristo según el mismo modelo en que le recibimos, podemos por lo menos ver que: el caminar Cristiano no honra los patrones de pensamiento de la sabiduría del mundo sino que se somete al Señorío epistémico de Cristo (es decir, Su autoridad en el área del pensamiento y el conocimiento). De esta manera una persona viene a la Fe y lleva adelante su llamado – sea que esté involucrado en los estudios, la apologética o la erudición.

Si el cristiano va a evidenciar compromiso el Señorío personal de Cristo y a presuponer la palabra del Señor, entonces estará caminado en Cristo según la manera en que le recibió. Como resultado de esto tú estarás “arraigado en Él” en vez de estar enraizado en las presuposiciones apóstatas de la filosofía mundana, y seremos capaces de mirar “la firmeza de vuestra fe en Cristo” (Col. 2:5). Tal fe firme, presuposicional, en Cristo resistirá las demandas del mundo secular por neutralidad y rechazará los estándares del incrédulo sobre el conocimiento y la verdad a favor de la autoridad de la palabra de Cristo. Esta fe no será saqueada de todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento que se encuentran escondidos en Cristo, ni será engañada por el discurso sutil y el engaño vano de las filosofías seculares (vv. 3-8) Por lo tanto, la precondición necesaria de la erudición Cristiana genuina es que el creyente (junto con todo su pensamiento) esté “arraigado en Cristo” (v. 7). Interesantemente, el tiempo del verbo en el Griego para “arraigado” en este verso sugiere una acción que ha sido realizada y lograda en el pasado pero cuya fuerza y efecto continúa en el presente - ¡lo cual es precisamente el punto de Pablo en el verso 6! Los principios que se aplican al caminar Cristiano (incluyendo lo relacionado al pensamiento) son los mismos que se aplicaron a su previa recepción de Cristo en la conversión. El estudioso Cristiano, habiendo sido arraigado en Cristo al renunciar a la autoridad de la sabiduría secular por el Señorío de Cristo, debe llevar adelante sus empresas de erudición continuando arraigado en Cristo según el mismo patrón o esquema.

Por lo tanto, el hombre nuevo, el creyente con una mente renovada que ha sido enseñado por Cristo, ya no ha de caminar en la vanidad intelectual y la oscuridad que caracterizan al mundo incrédulo (lea Efesios 4:17:21). El Cristiano tiene nuevos compromisos, nuevas presuposiciones, un nuevo Señor, una nueva dirección y meta – él es un nuevo hombre – y esa novedad se expresa en su pensamiento y erudición, pues (como en todas las otras áreas) Cristo debe tener la preeminencia en el mundo del pensamiento (cf. Col. 1:18b). Debemos coincidir con el Dr. Cornelius Van Til al decir:

Es Cristo como Dios quien habla en la Biblia. Por lo tanto la Biblia no apela a la razón humana como juez último con el propósito de justificar lo que dice. Llega al ser humano con absoluta autoridad. Su declaración es que la razón humana debe en sí misma ser considerada en el sentido en el cual la Escritura la toma, es decir, como creada por Dios y por lo tanto apropiadamente sujeta a la autoridad de Dios... Los dos sistemas, el del no-Cristiano y el del Cristiano, difieren por el hecho de que sus nociones básicas, sus presuposiciones, difieren. Sobre la base no-Cristiana se asume que el hombre es el punto de referencia final... el método Reformado... comienza francamente “desde arriba”. Debiese “presuponer” a Dios. Pero al presuponer a Dios no puede ponerse a sí mismo, en cualquier punto, en una base neutral con el no-Cristiano... Los creyentes mismos no han escogido la posición Cristiana porque ellos er an más sabios que los demás. Lo que tienen lo tienen solamente por Gracia. Pero este hecho no significa que deben aceptar la problemática del hombre caído como correcta ni aún como probable o posiblemente correcta. Pues la esencia de la idea de la Escritura es que ella y solamente ella es el criterio para la verdad. (Una Teoría Cristian del Conocimiento, Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1969, pp. 15, 18, 43).

____________________________________

Tomado de “A Biblical Introduction to Apologetics” (por Dr. Greg L. Bahnsen). Silabo del curso del mismo nombre impartido en el Southern California Center for Chirstian Studies.