El Juego: Un Intento Impío por Adquirir Riquezas

Rev. G. Ph. van Popta


Copiado con permiso de El Clarín (1995) Vol. 44, No 7


La Biblia enseña que hay dos maneras legítimas de adquirir riqueza: el trabajo y la herencia.


El Trabajo


En Efesios 4:28 el apóstol Pablo escribió: El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Dios nos ordena trabajar. Dios les ordenó a Adán y a Eva trabajar. Dios colocó al hombre sobre toda la creación. Le puso a cargo de la tierra, incluyendo la riqueza de la tierra. Gén. 2:1ss habla acerca de la riqueza que Dios colocó en la tierra para que el hombre la descubriera, la usara y la disfrutara. Cuatro ríos salían del Edén. El río Pisón rodeaba toda la tierra de Havila, donde había oro – buen oro (Gén. 2:12). Había también piedras preciosas – bedelio y ónice.


Dios puso esta riqueza en la creación. Él puso al hombre con dominio sobre ella. El hombre tenía que trabajar en la creación. Por medio de su trabajo, su labor, él podía disfrutar y usar la riqueza que Dios había colocado allí. La primera forma legítima para adquirir riqueza es por medio del trabajo.


La Herencia


La segunda manera legítima de obtener riqueza es por medio de la herencia. El Antiguo Testamento dice mucho acerca de la herencia. Dios había dado a cada tribu, a cada clan y a cada familia una porción de tierra en la Tierra Prometida. Esta debía permanecer en la familia, traspasada a través de las generaciones. El libro de Proverbios dice cosas como: “La casa y las riquezas son herencia de los padres... y... El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos.” En alguna parte Pablo escribió que los padres atesoran para sus hijos (II Cor. 12:14).


La Biblia habla de estas dos maneras de adquirir riqueza – trabajo duro y herencia. Prohíbe el robo y las prácticas deshonestas en los negocios. Prohíbe el juego como una manera para obtener riqueza.


El Juego


Las oportunidades para el juego abundan. Las agencias de viajes ofrecen paquetes de descuentos en giras a Reno y Las Vegas, las dos ciudades sagradas para los jugadores – La Meca y Jerusalén para los peregrinos del juego. Los comerciales de televisión tratan de convencerle que es mejor que Ud. no deje de comprar su billete de lotería porque su número podría salir esta semana. Y si Ud. no ha comprado su billete, tendrá que andar caminando con vergüenza con una bolsa sobre su cabeza.


Una encuesta de hace un par de años mostró que el 85% de los Canadienses, de todas las edades y grupo poblacional de ingresos, ha jugado la lotería en algún momento. Alrededor del 50% de los adultos Canadienses compran juguetes de lotería de manera regular, gastando un promedio de $ 8.50 al mes. El comprar billetes de lotería es una pura estupidez. Es para Ud. 3 ½ veces más probable que sea alcanzado por un rayo que ganar una lotería estatal o provincial (Tom Watson en ¡No le Apuestes a Ello!).


V LTs


Las loterías provinciales han andado presentes desde hace algún tiempo. Una maldición aún peor ha sido inflingida sobre nuestras comunidades: la VLT (Terminales de Video Lotería). ¡VLT! ¡También podría explicarse como Transacción Muy Vil!1 Hay personas que gastan la mayor parte de sus cheques de pago, si no es que todo, en el altar de la VLT. Es una gran transacción para el gobierno, para el dueño del hotel, y para el propietario de la VLT. Es una Transacción Muy Vil para el jugador y sus hijos.


Lo impío acerca del juego sea en el casino en Las Vegas, en la despachadora de billetes de la farmacia, o enfrente de la altamente adictiva e hipnotizante VLT – es que ya no estás dependiendo de Dios. Has cambiado al Dios verdadero por Madame Suerte, la Diosa Fortuna. El juego es una forma de idolatría. Es una actividad religiosa, una forma de adoración. Si juegas, en cualquier forma y lugar, entonces te estás inclinando ante la Diosa Madame Suerte. Estás trayendo un sacrificio, una ofrenda, al altar del azar. Estás orando: “O Madame Suerte, bendíceme y guárdame; que tu rostro brille sobre mí y ten gracia conmigo; levanta tu rostro sobre mí, y dame suerte. ¡Que me gane el premio mayor!” A medida que pagan su dinero y toman sus oportunidades los jugadores dicen: “Por favor, por favor, ¡hazme ganar!” Eso es una oración. No una oración al SEÑOR Dios. Es una oración a otro dios.


Debemos ser advertidos por lo que el apóstol Pablo dijo en Efesios 5:5, Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra [y esto seguramente incluye a todos los jugadores], tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. La antigua forma de la Cena del Señor, antes que fuera “mejorada,” prohibía la Mesa a los jugadores, y esto con legitimidad considerando que están excluidos del reino de Cristo y de Dios.


Dios dijo lo que les haría a aquellos que dependieran de la Suerte en Is. 65:11, 12:


Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; yo también os destinaré a la espada, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada.


La Fortuna y el Destino eran los dioses paganos de la suerte y el azar. Israel había comenzado a adorarlos. Estos dioses todavía están entre nosotros. Su templo es el casino. Su altar es la despachadora de billetes de juego. Sus bocas son las ranuras de los VLTs.


También podemos traer a colación las quinielas de la oficina: Tú sabes – la pequeña cantidad en efectivo ganada por cualquiera que acierte lo más cercanamente posible la puntuación de los juegos de basketball o football. Podrías decir: “Ahora estás yendo demasiado lejos. La quiniela de la oficina es solo una especie de diversión inofensiva.” Bueno, no en realidad. Este tipo de quiniela es como hurtar una barra de caramelo de los mostradores de algún supermercado. No estás cometiendo un asalto usando armas pero todavía es un robo. Es como estar airado, o lleno de odio. No es asesinato en el sentido físico pero tu catecismo ciertamente lo enlista como un pecado contra el mandamiento: “No matarás.” En las quinielas no estás introduciendo tu cheque de pago completo en la boca de la VLT, pero todavía estás jugando.


El mandamiento: “No robarás,” prohíbe todo tipo de codicia y todo abuso de despilfarro con los dones de Dios. Eso abarca todo el juego. El juego, en cualquier forma, no es una de las maneras en las que Dios nos permite adquirir riqueza.

1 En Inglés: “Very Lousy Transaction!”