Fe versus Ideología

 

Por P. Andrew Sandlin

 

Esta es una prepublicación del próximo libro del autor,

Calvinismo Universal.

 

© 2001, por P. Andrew Sandlin

 

Loco no es el hombre que ha perdido su razón. Loco es el hombre que ha perdido todo excepto su razón.

Gilbert K. Chesterton

 

El siglo veinte podría ser etiquetado con precisión como el Siglo de la Ideología. ¿Qué es una ideología? Es una simple (generalmente simplista) explicación humana de cómo opera el mundo, porqué el hombre es lo que es, y lo que los humanos deberían hacer para perfeccionar su imperfecto mundo presente, particularmente reestructurando radicalmente la dimensión política de la sociedad. La mejor definición corta de ideología que jamás haya yo leído es la de Hannah Arendt: “ismos que para la satisfacción de sus adherentes pueden explicar todo y cualquier suceso deduciéndolo a partir de una simple premisa...” Las ideologías son esencialmente religiones naturalistas y racionalistas, sustitutos de las religiones sobrenaturales y basadas en la revelación. Son las fe seculares del hombre moderno.

 

El feminismo y el racismo son ambos ideologías prominentes, pero la ideología más popular (y destructiva) ha sido el Marxismo. Marx y sus seguidores enseñaron que la vida humana podía ser reducida a factores económicos y materiales. El hombre es una colección de impulsos químicos y eléctricos, y su motivación fundamental es siempre económica y materialista. A partir de esta premisa y otras pocas, Marx construyó toda una filosofía de la historia y un programa de ingeniería social. Adoptando y complementando su ideología con prácticas políticas, ciertos discípulos implacables de Marx agobiaron, empobrecieron, esclavizaron, torturaron y asesinaron a decenas de millones en el siglo veinte. Este es un resultado consistente de la ideología – cualquier explicación del universo y de la existencia humana que sustituya un sistema racional, extenso (que lo abarca todo) y natural, por la aceptación de la realidad de la historia “como si,” esto es, de la creación tal y como Dios la hizo y la supervisa, tiene la tendencia a conformar esa creación a su lecho Procrusteano* ideológico de especulación. Si algo no se ajusta a la ideología, debe ser cercenado de manera que todo, de todas formas, se ajustará.

 

Este “algo” incluye a las personas.

 

Las consecuencias de la depravada especulación humana en la forma de ideologías son en verdad trascendentales.

 

El Cristianismo en contraste con la Ideología

 

En el otro extremo del espectro – o mejor aún, en otro mundo conceptual totalmente distinto – está el Cristianismo Bíblico. A diferencia de las ideologías, nuestra Fe no se encuentra anclada en sistemas de especulación humana que afirman ser extensos (que lo abarcan todo) y que reclaman explicar toda la realidad, sino en la revelación de Dios en la Biblia, en la creación y en la historia humana.  Esta verdad revelacional es externa a la especulación del hombre, y el mundo no puede ser exitosamente reordenado por el hombre. Según el Cristianismo, Dios re-ordena al hombre (Rom. 9:14-23; Efe. 2:1-10); el hombre no se reordena a sí mismo y a sus congéneres. Somos criaturas, creadas a la imagen de Dios con gran dignidad, pero criaturas a fin de cuentas. Somos criaturas en nuestro razonamiento no menos de lo que somos criaturas en cualquier otro aspecto de nuestra existencia. Por lo tanto, nuestras mentes deben estar sujetas a la revelación de Dios en la Biblia y en la creación. A diferencia de los Gnósticos, y de los herejes antiguos y modernos, nosotros no afirmamos poseer algún conocimiento secreto, una llave con la cual desentrañar el “profundo significado de la vida.” No afirmamos conocer como Dios conoce, o siquiera lo que Él conoce. Caminamos por fe, no por vista (2 Cor. 5:7). Profesamos creer en eventos históricos reales, concretos, sucedidos en el espacio-tiempo (el nacimiento, muerte, resurrección, ascensión y Segunda Venida de Cristo) por los cuales los elegidos y toda la creación son ambos definitiva y progresivamente redimidos. Somos salvos no por especulación o por un sistema de creencia o ideología extensa (que lo abarca todo), sino por la  fe en Jesucristo. Somos llamados principalmente a la obediencia fiel, no al entendimiento extenso (que lo abarca todo) (Juan 7:17). Vivimos en términos de la revelación de Dios que nos confronta en la historia, no en términos de ideologías alimentadas por nuestra especulación.

 

La Tentación a la Ideología

 

Una de las tentaciones más seductoras para los Cristianos inteligentes es virar sutilmente nuestra religión convirtiéndola en una religión de fe y obediencia a una religión de especulación e ideología. Una vez le pregunté a un anciano y sabio Calvinista su posición sobre la controversia Calvinista de la secuencia de los decretos eternos de Dios con respecto a la redención: infralapsarianismo, supralapsarianismo o sublapsarianismo. Él comentó, “¿Por qué debía yo tener una opinión sobre la materia cuando Dios no dice nada acerca de ello en la Biblia?” Sondear los secretos de los decretos eternos de Dios más allá de lo que Dios ha revelado claramente en Su Palabra es un acto de especulación pecaminosa. Vivimos por fe, no por especulación.

 

Ideología Posmilenial

 

Algunos Cristianos posmilenialistas caen en la trampa ideológica. Están en lo correcto (en mi opinión) de que el reino universal de Cristo florecerá antes de la Segunda Venida, pero algunos han trazado una estrategia y un programa socio-político bastante preciso por el cual la iglesia llevará a cabo el dominio cultural: “El evangelio vencerá en el tiempo y en la historia; he comprendido cómo es que vencerá; únanse conmigo en mi cruzada por la victoria terrenal.” Sin embargo, más allá de los requerimientos Bíblicos de fidelidad pactal (Dt. 28; Mt. 28:18-20), no hay tal revelación con respecto a la estrategia precisa de la iglesia, y ciertamente no es una estrategia política. Demasiados posmilenialistas crean una ideología – una explicación hermética y todo abarcadora de la estrategia de Dios para el dominio de la iglesia en el mundo. Como señala Clark Pinnock de las ideologías socialistas:

 

¿No deseamos ver a Cristo transformar las naciones y crear una sociedad justa y pacífica? Claro que lo deseamos, y este mero hecho nos expone a los vendedores ambulantes de ideologías milagrosas que nos garantizan el nacimiento del milenio.  Dado que nuestra teología nos da la voluntad para creer en un mundo mejor, las ideologías están más que felices al ofrecernos satisfacción.

 

A menudo estas ideologías están tan interesadas en producir el futuro perfecto que desprecian el presente imperfecto (y a la gente que vive en él). Eric Hoffer capta esta actitud en su valoración del inicio de los modernos movimientos de masas:

 

La gente llamada a atacar el pasado con el propósito de liberar el presente debe estar dispuesta a renunciar con entusiasmo a cualquier posibilidad de probar siquiera o de heredar el presente... El presente – el objetivo [político] original – es removido de la escena y su lugar es tomado por la posteridad – el futuro.

 

La ideología como escatología Cristiana es un razonamiento peligroso, y crea gente peligrosa. Ellos re-instrumentan el mensaje Bíblico de la redención en aumento cuantitativo del todo de la vida por la fe y la obediencia en una ideología de dominio socio-político. Y mejor que nadie se atraviese en su camino.

 

La Epistemología del Logos

 

Quizás más peligrosos todavía son los ideólogos Cristianos quienes están convencidos de que pueden reproducir los pensamientos de Dios en sus propias mentes. Muchos de estos Cristianos abrazan (conscientes o no) una epistemología del logos. Esta se remonta a la antigua idea filosófica Griega de que hay un principio abstracto, racional y universal, una especie de Razón Cósmica en la cual participa la mente del hombre. Muchos antiguos temían por encima de todo al caos; y algunos de sus filósofos inventaron un “logos” para proveer un apoyo a una perspectiva coherente y ordenada de la existencia humana. Una versión Cristiana de esto ha sido defendida extensamente en los pasados 50 años por hombres como Gordon Clark y Carl F. H. Henry. Afirma que podemos eludir al escepticismo reconociendo que la luz del conocimiento en la mente de Dios reside también en la mente del hombre. Si negamos esto, afirman ellos, ¿cómo podemos, en alguna forma, conocer algo? Mi respuesta a esto es que conocemos porque Dios dice que podemos conocer (Fil. 3:10; 1 Juan 2:27), no porque participemos del conocimiento de Dios. En la Biblia, el logos es revelado como una Persona (Jn. 1:1-3), no es un principio. Él es Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, a cuya misma Persona estamos unidos por la fe (Juan 6:35-58; Efe. 5:29-30). El logos Bíblico es histórico y personal (1 Jn. 1:1-3), no atemporal e impersonal. Él es una Persona, no una idea.

 

Entre los serios problemas que una epistemología del logos crea, si creemos que podemos participar del conocimiento de Dios, y si estamos convencidos de que estamos en lo correcto acerca de alguna creencia, y si alguien está en desacuerdo con nosotros, entonces ese alguien está discrepando contra la verdad proposicionalmente revelada, no meramente contra nuestra opinión de la verdad. Esto se dirige a Cristianos inteligentes quienes estrujan los rostros de las demás personas en el lodo porque están seguros de que están en lo correcto acerca de cada última interpretación Bíblica. Discrepar con ellos es discrepar con Dios, ¡y ay de aquella persona!

 

La Teología como Ideología

 

Este riesgo captura a algunos teólogos (tanto conservadores como liberales), quienes miran la labor teológica como una réplica perdurable y escolástica de la verdad. Ahora, este comentario mío no es una crítica de la teología. ¡Lejos esté de mí negar el rol de los teólogos! Ellos han sido un beneficio a la iglesia, y me estremezco al pensar dónde estaríamos sin ellos. La teología como una reflexión coherente y ordenada de la revelación de Dios es una tarea esencial de la iglesia. Pero es, nunca lo olvidemos, una iniciativa humana (¡Dios no “hace” teología!); y por lo tanto sus productos no han de ser presentados como equivalentes con la absoluta e infalible verdad divina, como es la Biblia. A menos que queramos ser culpables de mezclar la palabra del hombre introduciéndola en la Palabra de Dios, nosotros los Cristianos ortodoxos podemos (no, ¡debemos!) concordar con James Brown que,

 

La teología ciertamente una investigación humana, cualquiera que sea la medida en que sea hecha, cualquiera que sea su garantía de una referencia más que humana y la validez en los objetos con los cuales trata o los métodos por los cuales trata con ellos. Por tanto, se ha de esperar, que también la teología, participará en aquel error que es común a la humanidad...

 

En el idioma de Van Til, “Afirmar la identidad del sistema [de teología] Cristiano con el sistema divino en cualquier punto es quebrantar la relación de dependencia del conocimiento humano en la voluntad divina. Y cuando esta dependencia es quebrantada se llega a pensar que el conocimiento del hombre es auto-suficiente.” El reconocer este hecho introduce una saludable comedia en la teología que mantiene toda la empresa teológica plantada en terreno humilde. Si no podemos reírnos de nosotros mismos, nos convertimos en teólogos peligrosos, intolerantes con todo lo que discrepe con nuestras conclusiones. Thomas Oden escribe:

 

Uno que no deja espacio para la total falta de seriedad de la teología no será tomado en serio al hablar de Dios. La teología y la comedia permanecen en la más cercana proximidad... Sin un ojo afilado para la teo-comedia, la grandiosidad y miseria de la historia humana están equivocadas; faltan el gozo y el dolor de Dios. Solo con la capacidad para la comedia provee una mayor capacidad para que crezca la tolerancia. Pues las tentaciones egocéntricas están buscando siempre inflar la fantasía que nuestra propia forma de razonamiento parroquial, sujeta al tiempo, tiene de pensar sobre Dios y a partir de Dios; y buscando inflar la idea que esa fantasía es la única manera de razonar. Mientras más saludable sea el estudio de Dios, más cándido permanecer acerca de su propia finitud, de los testarudos límites de su propio conocimiento, sus propias charadas, sus “curitas”, biombos, máscaras y ventanas quebradas.

 

Cuando los teólogos pierden este sentido de comedia que nos coloca fuera del escenario principal, corren el riesgo de transformar sutilmente la teología en ideología, un sistema hermético e inexpugnable que cuenta con la licencia incondicional de Dios. En este caso, ya no tenemos necesidad de fe (¡excepto en nuestras propias proposiciones teológicas infalibles, claro!), pues hemos comprendido y reducido la revelación de Dios a una “t”; y hemos inventado un sistema racional, invulnerable y todo abarcador (extenso) que (presumimos) incluso Dios no puede romper.

 

¡Cuán idolátrico es esto! Solamente la revelación de Dios cuenta con su sello incondicional de aprobación; y cuando el hombre compite con Dios invoca la reprobación divina, “Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.” (Rom. 3:4). Jugar a Dios en nuestra teología o en cualquier otra empresa de conocimiento es crear una ideología de la Fe; y crear una ideología de la Fe es, a su vez, jugar a ser Dios. Nosotros no somos Dios, y cuando tratamos de jugar a ser Dios, creando un Cielo en la tierra, generalmente terminamos creando el Infierno.

 

Mi fe descansa en última instancia en el Dios soberano y Trino, y más próximamente, en mi Señor y Salvador Jesucristo, “quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20). Nosotros los Cristianos no profesamos entender Su soberanía, y no profesamos entender completamente Su voluntad – más allá de lo que Él ha revelado objetivamente en su infalible Palabra. Nuestro llamado es a la fidelidad en nuestras vidas individuales, en nuestras familias, en nuestras iglesias, en nuestras vocaciones, y en la vasta sociedad. Por la predicación del evangelio y la obediencia a la palabra escrita de Dios, somos llamados a Cristianizar todas las áreas de la vida y del pensamiento, a trabajar hacia una cultura Cristiana. Obedecemos, y dejamos los resultados a Dios. No tenemos todas las respuestas, pero confiamos en Aquel que tiene todas las respuestas.

 

La nuestra es una Fe que es una roca firme, no una ideología especulativa.



* La palabra se deriva de Procrustes, personaje de la mitología clásica. Este era un ladrón que estiraba o amputaba los miembros de los viajeros a fin de que alcanzaran las dimensiones de su cama. Fue muerto por Teseo. También llamado Damastes. (Random House Webster’s Unabridged Dictionary, version electrónica.)